Sobre Pau
Pau Garcia-Mila es un emprendedor en serie y comunicador nacido en Barcelona en 1987. Fundó su primera empresa a los 17 años, que fue posteriormente adquirida por Telefónica. Ha sido nombrado Innovador del Año en 2011 por la publicación del MIT TR-35, y es ganador del premio FPdGI Princesa de Girona.

Pau es también fundador de Ideafoster, consultora especializada en innovación disruptiva que en 2018 fue adquirida por Canvia (empresa del grupo Advent International), y de Founderz, la escuela online de emprendimiento.

En paralelo, habla en conferencias sobre Innovación, Éxito y Fracaso y da clase en ESADE (donde es parte del equipo del Master en Digital Business).

Anécdotas creando eyeOS

A veces, hablando con amigos, recordamos grandes momentos que hemos vivido en los últimos 10 años, sobre todo en la creación y primeros años de eyeOS. Una de las más divertidas, que nunca he contado, es cómo llegamos a exponer un año en la feria más importante de Tecnología de Europa, CeBIT, en Hannover.

Recuerdo que nos llegó la notificación por e-mail: nos habían concedido un espacio dentro del pabellón de empresas españolas, por lo que teníamos que preparar el viaje y el stand. Por aquella época, a pesar de poder exponer en todo un CeBIT, mirábamos hasta el último céntimo gastado, así que la preparación del viaje y todo lo relacionado con ese stand tenía que estar muy bien calculado para no dispararse.

Y así fue. Dado que viajar a Hannover en las fechas del CeBIT era desproporcionadamente caro, decidimos volar a otra ciudad y alquilar un coche. Frankfurt tenía precios asequibles, y (primer error) imaginamos que sólo tendría un aeropuerto.

Volamos Llorenç, Jordi y yo a Frankfurt «Hann», sin saber que estaba casi 80km al sur de Frankfurt, por lo que el viaje de 300km había pasado a ser el viaje de 400km. Y como todo, decidimos no pedir el GPS porque había que ahorrar. Llegamos, tomamos el coche y salimos hacia «el norte», que es la única indicación que nos habían dado. Una hora después, y cansados de no encontrar una ciudad que veíamos indicada todo el rato en el mapa, llamamos a Pol, que habla alemán. Todavía hoy se ríe cuando recuerda el momento en el que le dije el nombre de la ciudad, y me dijo que eso quería decir «salida». Pero claro, los alemanes no diferencian un cartel de «Salida, por aquí» de un cartel de «Hannover por allá».

Después de parar un par de veces para pedir indicaciones y comprobar que es falso que todos los alemanes hablen inglés, llegamos al «sitio» donde dormiríamos. Habíamos alquilado un apartamento porque era más barato que un hotel, y una señora estaba esperándonos en la puerta. Lo raro fue que después de enseñarnos la casa, nos dijo que estaría abajo mirando la TV. Efectivamente, nos habíamos metido en una casa de una familia… sin que ellos tuvieran intención de irse.

Al día siguiente montamos el stand, y comprobamos como todos los pabellones nacionales ofrecían panfletos y pen-drives con información de sus empresas, pero en el nuestro se daba jamón serrano. Esto provocó que hubiera mucha más gente en el nuestro que en los demás… pero sin ninguna intención de comprar nada.

Tuvimos la visita de un secretario de estado, e incluso gritamos «Hello, Mr. Presient» a Angela Merkel, que se giró y levantó la mano medio-asustada del grito y por el hecho de que no gritásemos «Señora Presidenta» sino «Señor Presidente». Y claro, una feria no sería una feria sin acabar el último día cantando a viva voz en un concierto de… Amaral. Correcto, trajeron a Amaral a animar a la delegación española.

La vuelta fue de película, por dos razones. Paramos en una LEGO Store gigante para traer un recuerdo de Alemania a la familia, y ya con todo comprado nos dimos cuenta que LEGO no era una empresa alemana. Y empezó a nevar de una manera que yo no había visto antes. Llegamos al aeropuerto, aparcamos el coche, e intentamos dormir 3 horas. Entre tanto, Jordi vomitó en la nieve por usar una postura totalmente absurda para intentar dormir en el coche, y la nieve subió medio metro.

Eso sí, el avión salió y volvimos a casa sanos y salvos. Sin ningún cliente nuevo, pero habiendo comido más jamón que en cinco navidades seguidas.

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