Sobre Pau
Pau Garcia-Mila es un empresario y comunicador nacido en Barcelona en 1987. Fundó su primera empresa a los 17 años, que fue posteriormente adquirida por Telefónica. Ha sido nombrado Innovador del Año en 2011 por la publicación del MIT TR-35, y es ganador del premio FPdGI Príncipe de Girona Empresa 2010.

Hoy en día, Pau coordina su trabajo en su última empresa, IdeaFoster, con la docencia en ESADE (donde es profesor del Master en Digital Business), y en IMD, donde es miembro externo del equipo investigador del centro de investigación VC2020.

17 Nov 2015

Viviendo con un iPad Pro – Sin un ordenador

“Señor, tiene que apagarlo.” “Pero, acaban de decir que debemos apagar todos los dispositivos electrónicos mayores al tamaño de una tableta, y una tableta nunca puede ser más grande que ella misma.” “Ya, pero… señor, tiene que apagarlo”. Llevaba todo el día preguntándomelo: ¿me dejarían seguir usando el iPad Pro en el avión durante el despegue? Y ha ganado el “no”. Me lo han hecho apagar. “Eso es demasiado grande para ser una tableta”. Fin de la discusión.

Este ha sido el final del primer día preparando un reto que lleva varias semanas en mi cabeza, concretamente, desde el día en el que Apple hizo subir a un señor de Microsoft al escenario, presentando el iPad Pro. Ese día vino a mi mente una pregunta: ¿Podría realmente sustituir completamente un ordenador por un iPad? Y de la pregunta al reto: ¿Es posible no tocar un ordenador para nada, reemplazándolo por un iPad Pro?. Y más en concreto: ¿Vivimos en la era “post-PC” o no?

Y así, sin más, me he embarcado en la aventura de comprobarlo.

El equipo elegido ha sido el siguiente:

De momento, el reto en sí no ha empezado todavía, ya que aunque el iPad ya ha llegado, el Pencil y el teclado no. Así que simplemente he empezado a prepararlo todo. Y estas son las primeras sensaciones salidas del primer día de uso:

El cacharro en sí

Lo primero que piensas al tener un iPad Pro en la mano es que le han arrancado la pantalla Retina a un MacBook Pro y la han hecho táctil. Y eso mola, pero también podría resultar incómodo. Una vez lo tienes en la mano, eso sí, te pones a instalar algunas apps y mientras van descargando abres el navegador y cuando aparece la primera web te das cuenta que lo que tienes en la mano es otra cosa: puedes ver, en modo vertical, la portada de un periódico online casi entera. Es cómodo, muy cómodo navegar así.

Más allá de la pantalla, el sonido merece un apartado por sí mismo: los cuatro altavoces hacen que cuando empieza a sonar un vídeo pienses automáticamente en bajar el volumen: suenan demasiado alto, demasiado bien.

El peso, aunque más cercano a un portátil que a un iPad “de toda la vida”, se hace invisible dado el tamaño de la pantalla: tienes la sensación de que “tiene que pesar más” la primera vez que lo sostienes, aunque luego cuando llevas un rato sosteniéndolo la verdad es que empiezas a tener ganas de descansar las manos.

El Software que lo acompaña

Si el hardware deja muy buen sabor de boca, el software me ha dejado ligeramente destemplado. Si bien es cierto que hay ciertas apps que te dejan con la boca abierta, en general la sensación es que no le vendría mal una (o dos) actualizaciones que le den algo de estabilidad e incluso alguna funcionalidad más. Tanto al SO como a la mayoría de apps.

Por ejemplo, si bien tener iCloud Drive es muy útil para llevar documentos encima, se vuelve algo inútil cuando tienes que duplicar un documento para poder editarlo. Es como si Apple no se acabara de fiar de sus propias apps móviles (que por otro lado, en el iPad Pro dejan de ser móviles) y te dijera “como quizás te descalabro todo el documento, mejor te hago una copia y trabajas con ella”

En cambio, he de decir que trabajar con la suite de Office de Apple es una gozada. Keynote, Pages y Numbers funcionan de maravilla y eso se aprecia. Solo he echado de menos un detalle: poder instalar fuentes ajenas a las del sistema. Si usas fuentes específicas en una presentación (ya sean fuentes para escribir texto o fuentes de iconos) prepárate para ver que en el iPad es como si adoraras Times New Roman.

Apps como Twitter, Google Drive o Skype necesitan sacarle mucho más potencial al Pro. Sin ir más lejos, Twitter se ve así en su pantalla principal:

Yo a esto lo llamo “desaprovechar espacio no, lo siguiente”.

Por otro lado, es muy fácil identificar qué Apps ya se han adaptado al Pro y qué apps no simplemente con abrir el teclado dentro de ellas. Si se abre un teclado gigante sin ningún sentido y sin fila de números, eso significa que son apps hechas para iPads más pequeños que el Pro simplemente ha magnificado. Por ejemplo, Google Drive:

Un gran teclado para dominarlos a todos.

Finalmente, estas son las apps con las que planteo iniciar el reto, tan pronto como lleguen los accesorios:


Hay apps de productividad (tanto la suite de Microsoft como la de Apple, PDF Pro, Pixelmator…), apps para manejar archivos (Google Drive, iCloud Drive y Transmit), apps para escribir e incluso programar (Coda), apps para escanear recibos o documentos a partir de la cámara del iPad o imprimir (Scanner Pro y Printer Pro), y alguna que esperaré a abrir a tener el Pencil, como Paper by 53. Finalmente, he optado por Chrome como navegador y 1 Password para gestión de contraseñas.

Conclusiones del primer día

Mi conclusión después de este primer día sería que esto promete. La sensación es que es posible sustituir el ordenador por el iPad, aunque la pregunta es: ¿sufriendo y perdiendo tiempo o por el contrario, ganando en velocidad y productividad? De momento, cada siete palabras escritas con el teclado de la pantalla se me abre el menú de emoticonos por tocar alguna tecla equivocada:

Por otro lado, funciones como poder abrir dos apps a la vez lateralmente sin perder el foco ni tener catorce ventanas, creo que favorecen la concentración y productividad, más en una persona como yo que soy un caos, siempre con mil cosas abiertas y ventanas perdidas por el escritorio.

Veremos qué tal avanza esta semana de preparación y cómo será la semana que viene cuando empiece el reto. Es pronto para decirlo: A ratos tengo la sensación de que quizás no duro ni un día entero y a ratos, que quizás no volveré al portátil nunca más.

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