Sobre Pau
Pau Garcia-Mila es un empresario y comunicador nacido en Barcelona en 1987. Fundó su primera empresa a los 17 años, que fue posteriormente adquirida por Telefónica. Ha sido nombrado Innovador del Año en 2011 por la publicación del MIT TR-35, y es ganador del premio FPdGI Príncipe de Girona Empresa 2010.

Hoy en día, Pau coordina su trabajo en su última empresa, IdeaFoster, con la docencia en ESADE (donde es profesor del Master en Digital Business), y en IMD, donde es miembro externo del equipo investigador del centro de investigación VC2020.

18 Abr 2012

Joven y empresario

Ser empresario no es ni bueno ni malo. Es una profesión que se estudia y se hará mejor o peor (o en última instancia, extremaamente peor, que son esos que acaban saliendo esposados en el telediario).

Si salimos a la calle y pedimos a la primera persona que veamos qué le viene a la cabeza cuando piensa en una persona que se arriesga sistemáticamente… ¿Nos apostamos una cena que pensará en un deportista de riesgo, un loco en coche sin control ni cinturón o un atracador de bancos? Hay países en el mundo donde, creedme, pensarán en un emprendedor. Que desarrolla e inventa sus ideas conociendo que tiene más de un 60% de posibilidades de fracasar. ¿Imagináis un paracaidista con ese ratio de fracaso en la apertura de su paracaídas? No habría nadie que hubiera saltado más de 4 veces. Pero hay emprendedores que, aún habiendo empezado sin un duro, han empezado más de 10 empresas. Pero claro, decir esto en el país del “te lo dije” y del “que suerte has tenido” es complicado. 

Si pudiera hacer un cambio, un solo cambio, en España claramente sería cambiar las reglas de juego entre el momento en que una persona tiene una idea y el momento en que la empieza. En el mejor de los casos, y excepcional, nos dan 2.000 euros como subvención si tenemos una enorme suerte, se hacen una foto con nosotros que sale en el periódico local… Y nos gastamos 4.000 el primer año en impuestos y tasas para montarla. No se trata de poner la alfombra roja a los emprendedores y empresarios sino de quitar los palos de las ruedas, que todavía hoy existen. Y luego si hace falta, pagar más, pero no al principio.

Pero con todo, todavía hoy hay gente que no empieza cosas porque “yo no quiero ser empresario”. Hay que insistir: ser empresario no es ni bueno ni malo. Eso sí: mola.

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